enero 9, 2012
por @aaltuzar
Todos hemos sido testigos (y hasta víctimas): nos enteramos que se puso de moda que las mujeres usemos X cosa y aunque algunas nos veamos fatales con ella, la traemos puesta. O que los teens adopten algunos elementos que (erróneamente) los adultos pretenden imitar.
Las modas o tendencias son oleadas de ideas y de elementos que inevitablemente, nos golpearán a una gran mayoría y que abarcan muchos ámbitos; algunas son imposibles de evitar o de dejar pasar y con otras nos podemos hacer de la vista gorda; depende el ramo o si va de acuerdo con cada uno. Por ejemplo, en el ámbito empresarial la responsabilidad social o el título de empresa socialmente responsable, que más que una actitud de consciencia adoptada por parte de las empresas (y que debería ser obligatoria) se ha vuelto un requisito de moda para verse “bien” frente a su mercado y a la sociedad, porque definitivamente, a muchas empresas les faltan años para ser socialmente responsables.
Pero esa es harina de otro costal. Sin embargo, la mercadotecnia y la publicidad no han sido excepción de “modas” dentro de la industria: desde los términos que definen a una agencia (el famosísimo 360º) o hasta el tipo de trabajo que se realiza, pues en muchos lugares publicidad es igual a un local que te imprime volantes o te hace tarjetas de presentación. Esto viene a que en las últimas revistas, impresos o activaciones que he visto, hay un elemento que no descansa: el código QR. Ok, sí, estamos en una época en donde los smartphones son más “smart” que nosotros mismos y nos encanta el rollo de la curiosidad y de llevar al cliente a saber qué hay ahí… pero a menos que el contexto sea interesante y lo que obtendré a cambio de escanear el código sea buenazo: marca, evítame la pena. (Hombres, aquí un ejemplo del por qué les vale la pena escanear un código)

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